Qué es y qué no es: Economía del Comportamiento

Actualizado: 10 de may de 2020

Originalmente publicado en el IMEC.


Cuando me enteré que podía participar como bloguero de este espacio, se me empezó a llenar la cabeza de posibles ideas que podía compartir con todos ustedes. Mientras imaginaba como sería este texto inicial, me di a la tarea de leer todas las entradas de mis colegas y empecé a considerar los temas que podía tratar de manera más puntual. También reparé en la importancia que tiene este espacio para la difusión, así como conocimiento de la Economía del Comportamiento (Behavioral Economics), que de ahora en adelante lo abreviaremos como (BE), por su traducción directa del inglés. Pero sobre todo caí en cuenta del impacto que tiene este Instituto para todos los países de habla hispana.


Es por esto que quiero comenzar por platicarles qué SI es y qué NO es BE, desde mi punto de vista. Y empezar a mostrar lo que podrán leer en estas aportaciones continuamente.




Empecemos por lo que SI es BE:


BE SÍ es una nueva forma de ver la economía  ¿a qué me refiero?  A que los modelos tradicionales y estándares de la economía no consideran (pasan por alto, los suponen como dados, toman al homo œconomicus como persona representativa de toda la población) varios comportamientos inherentes del ser humano y por lo tanto se puede argumentar que se alejan en cierto grado de la realidad. Por ejemplo, en la economía tradicional uno asume que todas las personas somos racionales y buscamos maximizar nuestros beneficios (sea lo que eso signifique dado diferentes contextos). Es decir, se pasa por alto que a las personas no sólo nos interesa hacer lo que es mejor para nosotros sino que también existimos personas que tomamos en cuenta conceptos como justicia, igualdad, reciprocidad, entre otras normas sociales. Permítanme aterrizar un poco más la idea que quiero que se lleven con ustedes.


En el año de 1999 un par de economistas llamados Ernst Fehr y Klaus M. Schmidt, el primero austriaco y el segundo alemán, publicaron una investigación llamada “A theory of fairness, competition, and cooperation” donde propusieron un modelo que, entre otras cosas, permite incorporar la aversión a la desigualdad de las personas. Es decir, propusieron un modelo donde las personas no sólo quisieran maximizar sus beneficios (ganar más dinero por ejemplo) sino que también les importara que tan igual o desigual fuese esta economía. En su análisis asumieron que a las personas les interesa maximizar su beneficio aún más en la medida en la que este se encuentre por debajo de la media de la población y aún menos en la medida en la que este se incremente y se aleje de la media de la población.


Dicho de otro modo, a la gente le importa estar bien con respecto a sus vecinos en la medida en la que no se encuentre ni muy por debajo ni muy por encima de lo que otros puedan tener; es decir, tienen una aversión a la desigualdad –no nos gusta un resultado que nos parezca desigual, para nosotros ni para los demás-. Esta desigualdad que nos genera desutilidad en un modelo teórico tradicional simplemente no se toma en cuenta.


¡Es importante recalcar que no TODOS los seres humanos son así! También existen unos cuantos homo œconomicus por ahí perdidos en la sociedad (sentí la mirada de desaprobación de los economistas tradicionales). Ahora pues, lo que es más importante recalcar, a mi parecer, es que la investigación realizada por este par de economistas incorporó un concepto que para muchos es obvio tomar en cuenta. Y es que las personas viven en un mundo lleno de comparaciones y estas, nos guste o no, le importan a nuestro cerebro. Grosso modo, BE es al menos en la teoría, asumir que el mundo resulta muy complejo y que no por eliminar estas complejidades podremos predecir mejor el comportamiento humano. Al contrario, es incorporar poco a poco temas inherentes del ser humano a los modelos económicos y ver en que resulta.


Continuemos con lo que NO es BE:


BE NO es eliminar todos los supuestos que toma la economía tradicional para empezar de cero. Ni tampoco es dejar que todos los psicólogos o de otras profesiones (algunos tienen ideas demasiado extremas y peligrosas para incorporar a la realidad) entren en este tema que todavía es relativamente frágil. Y mucho menos, BE se reduce bajo ningún motivo, a los nudges (pequeños empujones). Con respecto a lo primero, si bien es a veces deseable empezar desde cero en la medida en lo que aquello ya realizado esté muy mal hecho, es igual de importante mejorar lo que ya se encuentra establecido (y funciona medianamente) e incurrir en menos costos. Para lo segundo ya existen algunos modelos económicos que incorporan estas referencias de la psicología y otras disciplinas que permiten que los supuestos sean más realistas y permiten que las predicciones del comportamiento humano sean más acertadas. Estos modelos, así como el que vimos hace poco, retoman lo tradicional de la economía y agregan algo novedoso de la psicología y de otras disciplinas. Sin embargo, como todo modelo que es una simplificación de la realidad, no siempre se ajusta perfectamente a lo que uno quiere entender y mucho menos predice en cien por ciento de los casos lo que puede llegar a ocurrir.


Sobre los “pequeños empujones”, una forma de explicar la razón por la cual son lo más conocido de BE, es porque son lo más práctico y lo más, relativamente, sencillo de explicar; sin embargo, no son lo único que comprende BE. Una de las ventajas que tienen estos pequeños empujones, es que si se diseñan correctamente, pueden tener gran impacto en la población a un bajo costo para el gobierno (financiado con nuestros impuestos); es decir, si se diseñan adecuadamente entonces TODOS gastaremos menos dinero y lograremos mejores resultados. Pero ¡OJO! lo anterior no significa que con BE pagaremos menos impuestos ni mucho menos, lo único que quiere decir es que BE y en específico los empujones servirán a los hacedores de política pública para mejorar sus intervenciones y reducir los costos de éstas para que, además de cumplir otros objetivos, se puedan canalizar estos recursos “excedentes” hacia otros bienes y servicios como transporte público o programas de combate a la pobreza.


Actualmente muchos gobiernos como los de Gran Bretaña, los Países Bajos, Estados Unidos, Canadá, Australia, entre otros, han empezado a reconocer la importancia de esta disciplina y comienzan a tener unidades especializadas en incorporar a las políticas públicas estos conceptos, principalmente de psicología, con el objetivo de ayudar a la población a tomar mejores decisiones. A manera de conclusión me gustaría que se quedaran con la idea previamente planteada de que BE no es romper con lo ya establecido, sino irlo asumiendo como algo más complejo y bajo ese entendimiento, irlo mejorando.

Ya casi para terminar quiero platicarles que mis entradas serán sobre medio ambiente, salud, corrupción (visto desde una perspectiva de la prevención) y sobre los posibles dilemas éticos (nudge for good) que podría tener cada problema en su área respectiva. Para todos aquellos que empiecen a pensar que mi aportación será meramente académica, quiero recalcar que mis intervenciones en este espacio estarán enfocadas a su aplicación en políticas públicas. Trataré de aterrizar todas las ideas que aquí coloque en temas prácticos y de importancia para los hacedores de política pública y también me daré a la tarea de conectar todos los ejemplos teóricos con ejemplos prácticos y con situaciones que a menudo nos encontremos en la vida real. También, en la medida en la que el tema lo permita, iré incorporando acciones que algunas empresas han adoptado utilizando esta perspectiva de BE.


Además de todo lo que ya se tocó en la primera parte de esta entrada, me gustaría iniciar esta serie de aportaciones y retomar brevemente el tema del Medio Ambiente y las herramientas disponibles de BE que pueden ayudarnos a entender los problemas que los seres humanos estamos enfrentando.


Encaminémonos entonces hacia uno de los temas, que en lo particular me parece esencial conocer, si queremos seguir existiendo de forma parecida a lo que hemos experimentado hasta ahora como seres humanos. El tema al que me refiero es el medio ambiente. En específico a aquél que se refiere al comportamiento pro medio ambiente que todos y cada uno de nosotros deberíamos adoptar. Como ya se ha definido en varias investigaciones previas, el comportamiento pro medio ambiente, no es otra cosa más que “aquél que minimiza el impacto negativo de cada una de nuestras acciones sobre la naturaleza y el entorno construido” (pg. 240, Kollmuss, A. y Agyman, J., 2010). Es aquél comportamiento que disminuye o preferentemente elimina, en la medida de lo posible, nuestro impacto hacia el medio ambiente y nuestro entorno. Pensemos en comportamientos tales como tirar la basura en su lugar (separada en los distintos botes), utilizar menos el automóvil y más el transporte público para llegar a nuestro destino, utilizar el agua de manera responsable, no desperdiciar la comida, entre otros MILES de comportamientos que, como habitantes de este planeta, deberíamos de tener. Ya sé, muchos de ustedes estarán pensando, eso ya lo he leído… y yo intento (póngase cualquier comportamiento pro-medio ambiente que quieran) y aun así no creo que mi cambio de hábito haga la diferencia. Para los lectores que piensan así les tengo una noticia, TIENEN RAZÓN... a medias.


El problema del medio ambiente es algo tan complejo que se va a lograr, si y sólo sí, todos o en su defecto la mayoría de nosotros cooperamos. Y no sólo eso. Esta condición de cooperación y participación no es suficiente, ya que nuestra cooperación también dependerá del entorno que nos rodea. Pero más de eso en la próxima entrada…

Por último, pero no por eso menos importante, quiero agradecer al Instituto Mexicano de Economía del Comportamiento (IMEC) y a todos sus representantes y colaboradores por haberme dado la oportunidad de iniciar esta experiencia como bloguero en un tema tan relevante. Es para mí un verdadero placer estar aportando a la difusión de BE para los lectores de habla hispana y sobre todo darme la oportunidad de reflexionar sobre mi profesión. Asimismo, quiero agradecerles a ustedes estimados lectores por abrirse a este contenido. Espero que estas entradas les parezcan atractivas y enriquecedoras para su día a día. Cualquier pregunta o comentario por favor no duden en contactarme. Ahora sí, por último quiero aprovechar para preguntarles, dados mis temas de interés, ¿qué en particular de estos les gustaría leer para retomar en mis próximas entradas?


¡Por cierto! para los que quieran adentrarse más en estas cuestiones de BE, les dejo las referencias bibliográficas que utilicé a continuación.


Referencias:


Fehr, E., and Schmidt, K. (1999), A Theory of Fairness, Competition, and Cooperation, Quarterly Journal of Economics 114(3), 817-868


R. Thaler and C. Sunstein. (2008). Nudge. Penguin Books.


Anja Kollmuss & Julian Agyeman (2002) Mind the Gap: Why do people act environmentally and what are the barriers to pro-environmental behavior?. Environmental Education Research, 8:3, 239-260


#BehavioralEconomics

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